{short description of image} PROLOGO 

            Al comenzar el esbozo de lo que debe ser el prólogo de un libro, es imperativo, por parte del que lo realiza, expresar satisfacción, complacencia y agradecimiento; en síntesis, considerarse honrado y orgulloso por la deferencia que supone encabezar una publicación; más aún cuando se trata de una obra de esta índole. Siendo así, quiero constatar que, en estos momentos, yo así me siento. ¿Motivos? Todos. ¿Porqués? Muchos. Y voy a tratar de explicar alguno. 

             En primer lugar, y en estos tiempos de gran proliferación bibliográfica, puedo afirmar categóricamente que esta publicación es, en su planteamiento, original y singular. Es cierto que existen muchos y magníficos tratados de cuidados intensivos pediátricos en lengua española, y que contemplan, en un enfoque clásico y de forma acertada, los diversos aspectos de la asistencia al niño en situación crítica. Sin embargo, la mayoría de éstos, por su estructuración, se dirigen claramente a especialistas en intensivos pediátricos o intensivistas que centran su actividad en el niño gravemente enfermo. Así, repasando esta literatura, se echaba en falta un libro de estudio y consulta dirigido a los pediatras en formación en esta área de la Pediatría, tan específica, tan puntera, en pleno desarrollo, y que desde ahora cuenta con una sólida base de referencia para la enseñanza. Quede claro, no obstante, que no por esto descarto en absoluto el que su contenido vaya a aportar buenos y nuevos saberes a los que somos más veteranos.

             Los editores, que han tenido a bien embarcarme en este quehacer, son profesionales jóvenes, brillantes, entusiastas..., algunos dicen que impulsivos. Y sí que lo son, pero creo que sólo con el impulso justo de su propio valer, ya que han sabido aprender bien como alumnos y ahora logran, con éxito, transmitirnos a todos sus enseñanzas como maestros. En una visión de mi propia experiencia vital y que me voy a permitir calificar de sabía y reflejar en estas líneas, afirmo que en mi formación médica he tenido muchos y grandes maestros. Fueron, secuencialmente: mi padre y hermano como pediatras; mis queridos profesores; mis colegas y amigos «señor»... y, hoy y ahora, sin renunciar a ninguno de los antes citados y ya entre ellos, es de estos otros,«los menos viejos», de los que intento aprender y aprendo mucho cada día. Os invito a través ésta obra a hacerlo también.

             En el contenido, encontramos un índice de capítulos denso y amplio, pero no excesivo; bien estructurado y sencillo, pero no elemental; completo y muy actual. Por su dimensión podemos calificarlo como un Tratado que acerca el conocimiento de múltiples autores de diversos países al lector de habla hispana. De estos autores, a la mayoría de los cuales presumo conocer personalmente, y evidentemente excluyendo mi propia persona, puedo aseverar que son personalmente, y evidentemente excluyendo mi propia persona, puedo aseverar que son personalidades relevantes y expertos en las materias que desarrollan. Es por ello que pudiera haberles resultado fácil el «repetir lo ya hecho»; sin embargo, por lo comentado anteriormente respecto al enfoque de esta obra y la estructuración de los diferentes capítulos, esto no sería posible. Me consta que la totalidad de los redactores, siguiendo las indicaciones de edición, se han adaptado a esta configuración homogénea y práctica, que singulariza el Manual de Cuidados intensivos Pediátricos.

             Finalizo haciendo, por todo lo dicho, un pronóstico de éxito para este libro, con la presunción adivina de que estará poco en las bibliotecas y mucho en las mesas y zonas de trabajo. Para el que escribe este prólogo, este es el mejor legado que se le puede desear a esta obra.

José María Martinón Sánchez.

Jefe de Servicio de Críticos y Urgencias Pediátricas.

Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.

Presidente de la SECIP (años 1993-1999)